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Raices de la Violencia
He dedicado muchas horas de mi vida, en los Juzgados, en la cárcel, en los calabozos y en el Hospital Psiquiátrico, a los delincuentes de todo tipo: asesinos, ladrones, macarras, estafadores, toperos, prostitutas, travestis, terroristas, drogadictos e ingenuos rateros. He compartido con ellos su hostilidad, su marginación, sus esperanzas, sus angustias y sus sufrimientos. Me contaron sus vidas, las analicé, las traté y conviví en su infierno. Ellos eran los "grandes delincuentes", pero he llegado a saber que todos los hombres somos delincuentes, aunque no nos procesen, aunque se aparente honestidad e integridad moral. |
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Todos delinquimos, de alguna forma, engañando, estafando, mintiendo robando, arrollando o matando aunque sean ilusiones o esperanzas. Muchos delitos quedan impunes, agazapados o enmascarados en e fondo de nuestra conciencia, o incluso adquiriendo en forma de auto engaño una extraña justificación ante los otros y ante nosotros mismos Quizás por ello, en el libro que escribí en 1973 "El hombre, el delito y su mundo", me preguntaba hasta qué punto el delito, por haber estado siempre ligado al hombre no sería una cualidad humana más. M inquietud por conocer y estudiar a los delincuentes me ha llevado, escribir este libro en el que trato, a través de mi experiencia, de comprender su problemática existencial. Toda la criminologla gira en torno a la agresividad, que en contra de los sociólogos que la consideran como una respuesta a la frustración engendrada por la vida social y sus necesidades, hay que estimarla como una actitud de lucha preformada biológicamente en todo ser vivo. ADLER, incluso habla del instinto de agresión. El instinto de conservación no se actualizada en los momentos de peligro, si no dispusiese del impulso agresivo que le permite oponerse, luchar e incluso huir. El hambre genera agresión, al igual que la carencia de pareja sexual o el rechazo por parte de ella; es obvio por tanto estimar la agresividad como un elemento esencial del instinto de conservación individual y de la especie, pues incluso los animales herbívoros necesitan arrancar el alimento de la tierra, lo que supone una actitud de lucha enfrentamiento, sin la cual perecerían. ... |
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